las vueltas locas de la vida

Las vueltas locas de la vida

A los veintiséis años sufrí la crisis de los treinta. Recién separada de un novio con el que había convivido casi tres años, tras afrontar una mudanza muy triste, llena de deudas y con un trabajo que no me gustaba, sentí una fuerte desilusión de la vida adulta. Estaba tan desesperada que, según mi psicólogo, parecía un pájaro que se golpeaba una y otra vez contra el vidrio de una ventana cerrada. Así no vas a salir, decía, tenés que buscar otra ventana o alguna rendija.

 

Encontré una ventana abierta cuando vi un pasaje en oferta y volé a Río de Janeiro. Fueron mis primeras vacaciones sola y aunque me pasaron muchas cosas, recuerdo una por sobre todo: una mañana lluviosa en Ilha Grande, mientras tomaba una cerveza frente al mar, pensé en hacer un viaje sin fecha de retorno. En realidad era lo que había soñado siempre, pero por primera vez no me pareció una locura o algo imposible. Fueron minutos intensos: cosquilleo, taquicardia, lágrimas y carcajadas. Creo que en ese momento decidí largar todo y viajar. 

 

Un año y medio después, desarmé mi departamentorenuncié al trabajo y me despedí de Buenos Aires para viajar por tiempo indeterminado. Mi idea era recorrer Sudamérica primero, y después cruzar a Europa, a España o a Portugal; o aplicar a una visa de trabajo en Australia, trabajar un tiempo allá y recorrer el Sudeste Asiático. Las posibilidades eran miles, pero me prometí no pisar Brasil. Y no porque no me gustara sino más bien lo contrario: tenía miedo de quedarme atrapada en alguna playa del nordeste.

 

El día que renuncié al trabajo ✌

 

Pero a los diez días de haber empezado mi viaje conocí a Guido. Estábamos en una estación de trenes y él, apoyado contra una pared, me miraba desde un rincón. A mí no me gustó. Quiero decir: carilindo, apenas más alto que yo, rubio y de ojos celestes, con un corte medio rollinga, un pañuelo palestino en el cuello y un tribal tatuado en la pierna, estaba lejos de ser mi tipo; esa clase de hombres que me gusta sin haber cruzado palabra, o a sabiendas de que es sorete. Pero yo necesitaba un favor y él no me sacaba los ojos de encima, así que le hablé.

 

Desde entonces, no nos separamos más que por unos días. A él le gustaron mis piernas y mi locura; a mí, su voz y su libertad. Pero además conectamos por una serie de coincidencias. No voy a detenerme en detalles, quizá algún día escriba sobre nuestra historia, pero ambos renunciamos a nuestros trabajos el mismo día, desarmamos nuestros departamentos casi en la misma fecha, y salimos de viaje con una semana de diferencia para cumplir nuestro sueño de recorrer Sudamérica por tiempo indeterminado. Demasiado mágico para ser cierto, ¿no?

 

guido cupolo marina bianco

Una de las primeras fotos con Guido ♥

 

Hace unos meses su familia lo invitó a Ilha Grande, y él me pidió que lo acompañara. La idea de volver al lugar donde tomé la decisión de viajar me voló la cabeza. Porque encima esta vez sería distinto: de novia, con la familia de él, tras más de un año de viaje juntos. Pero quedarme en Brasil por tiempo indeterminado seguía sin parecerme un plan, y hacer una “escapadita” de quince días estaba fuera de mi presupuesto. Así que le dije que no y me olvidé del tema. 

 

Y resulta que días después mis papás me preguntaron qué quería por mi cumpleaños. Yo estaba en Colombia y aunque podría haberles dicho una carpa, un termo o unas zapatillas de trekking – todas cosas que necesito- les dije un pasaje a Brasil. Fue una broma, pero ellos se lo tomaron en serio y compraron cuatro: uno para mí, otro para mi hermana menor y dos para ellos.

 

El 14 de Marzo aterricé en Río de Janeiro y conocí a la familia de Guido; al día siguiente volví al lugar donde tomé la decisión más importante de mi vida, y dos semanas después me reencontré con mi familia tras más de un año sin vernos. Nada de esto estaba en mis planes. 

familia cupolo

La familia de Guido.

familia bianco

Mi familia.

 

Ahora estoy en Medellín y escribo esto entre lágrimas, desde la casa de una lectora que gentilmente ofreció hospedarnos a mí y a Guido. Aunque intento encontrarle una lógica a toda esta serie de hechos sincronizados no puedo: quizá son sólo las vueltas locas de la vida. 

 

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19 comentarios en “Las vueltas locas de la vida

  1. Tenía que ser así, no le busques más vueltas! Que historia Mari, me hiciste emocionar, es hermoso y si lo hubieras soñado, no sería tan perfecto! Besote!!

  2. Se me llenaron los ojos de lagrimas, muy emocionante la historia. Creo que nada es causalidad, que lindo que se hayan encontrado. Te sigo leyendo! Un beso!

  3. Estoy leyendo un libro de Sabato e inevitablemente me acordé de vos y este post, es un poquito largo pero acá va:
    El destino, al igual que todo lo humano, no se manifiesta en abstracto sino que se encarna en alguna circunstancia, en un pequeño lugar, en una cara amada, o en un nacimiento pobrísimo en los confines de un imperio.
    Ni el amor, ni los encuentros verdaderos, ni siquiera los profundos desencuentros, son obra de las casualidades, sino que nos están misteriosamente reservados. Cuántas veces en la vida me ha sorprendido cómo, entre las multitudes de personas que existen en el mundo, nos cruzamos con aquellas que, de alguna manera, poseían las tablas de nuestro destino, como si hubiéramos pertenecido a una misma organización secreta, o a los capítulos de un mismo libro! Nunca supe si se los reconoce porque ya se los buscaba, o se los busca porque ya bordeaban los aledaños de nuestro destino.
    Y sigue…
    Abrazo!!

  4. Siempre reniego con la idea del “destino”, porque siento que me saca poder de decisión. Pero por estas cosas (que pasan mas seguido de lo que uno cree), accedo a una especie de “negociación”. Por ahí, estamos destinados a conocernos con ciertas personas, y nosotros decidimos cómo (y cuándo). Por ahí, sí venimos al mundo con una listita de nombres: amores que tenemos que conocer, amigos con los cuales reír o desconocidos con los cuáles cruzarnos en la calle. Esa teoría me gusta, porque seguimos siendo libres. Me alegra que hayas decidido encontrarte con Guido <3 Me encanto el post, como siempre. Besos bella.

    • ¡Hola Cami! Yo tampoco creo mucho en el destino así que tu teoría me gustó mucho. Nunca lo había pensado así.
      Gracias por dejarme el comentario.
      ¡Te mando un beso enorme desde Colombia!

  5. Ufff súper emocionante!! Dos familias con guita!!! Wow!!!! Las crisis existenciales surgen cuando lo tenes todo y buscas algo que no sea material. Eso les pasó a los dos y me parece bárbaro. Pero toda esta historia que queres vender de las vueltas de la vida es una pelotudez. Que vueltas? Jaja. Esto jamás se va a publicar pero me basta que lo leas vos. No hay nada especial en lo que te está pasando ni sos un caso súper especial. Es bueno bajar a la tierra y ser realista.

  6. Hola Laputa Queteparió, cómo estás?
    No se si vas a leer este mensaje porque como pusiste un mail falso no te va a llegar la notificación. Pero lo voy a aprobar porque a mí me gusta aprobar todo, y te voy a responder porque quizá volvés, quién sabe.
    Para mí la historia sí es especial, porque es mía y porque gracias a todos esos hechos (y otro montón), soy una persona feliz, que no envidia la vida de nadie ni pierde su tiempo en dejar comentarios en posts que le parecen malos, desde una cuenta anónima, con un mail falso.
    Y como es especial para mí la comparto en este espacio que es mío :). Al que le gusta bien -yo feliz- y al que no… mmm, bueno, que lea otros blogs (hay tantos y tan buenos).
    Por lo que veo sos argentinx, así que te dejo esto que quizá conocés:
    “Ladran, Sancho, señal que cabalgamos”.
    Gracias por leer hasta el final.
    ¡Besos!

  7. Me muero de la felicidad, empecé a leer esperando esos divagues de locura viajera y me topo con un viaje a Brasil, familiar, con el gran Guido, todos, todos juntos, me puedo morir!!! Maruuuuu que hermosa es la vida, y qué lindo que te pasen cosas como esa. Te mando un fuerte abrazo, muy fuerte, a ti y a mi amigo Guido, los recuerdo mucho. El otro mes vuelvo a ir a Buenos Aires, y cuando recorra Belgrano te recordaré más ¡Vibras, que aquí los leo!

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