Palomino, Colombia.

Sola en Palomino

Este post es una transcripción casi literal de lo que escribí una noche en mi cuaderno, hará dos meses, cuando estaba en Palomino.

 

Hace diez días Guido se fue a Argentina a visitar a la familia y yo me vine a Palomino, un pequeño pueblo en el Caribe colombiano. Pasado mañana llegan dos amigas y nos vamos al Tayrona -un Parque Nacional con playas paradisíacas delimitadas por manglares, matorrales y bosques- pero de momento estoy sola, acampando a pocos metros del mar. Es la primera vez que me separo de Guido por tanto tiempo y también la primera vez que acampo sola.

acampar en palomino

Al fondo, mi carpa ♥

Desde que salí de Argentina ansié este momento. Siempre fui fanática del mar, creo que mis papás marcaron mi destino al llamarme Marina, pero el Caribe me parecía lo máximo. Había estado una sola vez en el 2012, en un all inclusive en República Dominicana, y aunque conocí poco porque tenía todo pago y no había razones para salir del hotel (que estaba buenísimo y quedaba a las afueras), ese contacto breve y superficial fue suficiente para pensar que el Caribe, con sus playas de aguas cristalinas y arena blanca, podría ser mi lugar en el mundo.

Ubicado sobre las costas del Mar Caribe, a orillas del río Palomino y en las estribaciones de la Sierra Nevada de Santa Marta, la montaña más alta de Colombia, Palomino no se parece en nada a mi recuerdo del Caribe: el clima es templado y ventoso; la arena gruesa y oscura, y el mar no es calentito ni cristalino sino más bien fresco y con grandes olas, al punto de que desde que llegué solo pude meterme una sola vez y hasta las rodillas. Pero, según dicen, no todo el año es así, sino sólo cuando está ventoso y hay luna llena, como ahora.

playa palomino
mulata palomino

 playa palomino

En Palomino, además de mulatos y metizos, hay nativos, cosa que me sorprendió bastante porque en mi ignorancia pensé que sólo habría negros. En realidad los nativos viven en las laderas de la Sierra Nevada de Santa Marta, pero bajan a diario a Palomino para pescar, recolectar caracoles o vender artesanías. Son bajitos, ninguno mide más de un metro sesenta, y visten unas túnicas blancas que les cubren el cuerpo hasta por debajo de las rodillas. Descalzos o con botas de goma, caminan lento, sin sonreír a nadie ni decir palabra. Y mascan coca, como los indígenas de Bolivia y Perú.

El otro día compartí un taxi con uno. Tenía que ir a Mingueo, un pueblo cercano, y en esta zona (como en casi toda Sudamérica) es común compartir el taxi. Me senté adelante, al lado del taxista, y el nativo detrás. En un momento del viaje, mientras yo disfrutaba del viento que me daba en la cara y tarareaba la canción de Shakira que sonaba en la radio, el nativo metió el brazo por mi ventanilla, me acarició el hombro y sin darme tiempo de reaccionar me preguntó, con la naturalidad de quien pregunta la hora, si quería hacer el amor con él; me gustan las “blanquitas”, agregó después, y nunca pude hacer el amor con una. Yo me quedé helada por unos segundos hasta que por fin le dije, con cara de asesina serial, que era un maleducado. Entonces él se disculpó y me explicó que en su comunidad todos pueden hacer el amor con todos, incluso enfrente a otros y sin necesidad de conocerse, con la sola condición de que la mujer consienta. “Nayununí”, o algo así, fue lo que dijo que tenía que decir cuando no quería algo. “Nayununí”, dije, y él ya no me habló, pero no dejó de acariciarme el hombro durante todo el viaje. Todavía no sé si lo que me dijo es cierto, o si lo asustó mi cara de asesina serial.

indigenas palomino

Hace diez días me levanto temprano y salgo a caminar descalza por la playa: no hay cosa que me guste más que sentir la arena. Esta mañana caminé casi una hora y llegué hasta la confluencia del mar y el río. Los pescadores volvían del mar en sus lanchas, algunos lugareños compraban pescado, un chiquito jugaba con las redes y un grupo de militares armados caminaba en silencio. Mario, un pescador, me contó que en la zona hay muchos militares porque hasta hace algunos años en Palomino había “paracos”, como llaman en Colombia a los paramilitares, grupos ilegales armados de extrema derecha que atacan, secuestran y extorsionan a la sociedad civil bajo excusa de combatir la guerrilla. Me cuesta imaginarlo porque ahora Palomino es tan tranquilo que hasta me animo a caminar sola por calles desoladas y oscuras. 

Con una sola plaza, una pequeña iglesia y un puñado de calles de arena sin vidrieras ni semáforos, lo único que hay para hacer en Palomino es bañarse en el mar (y ahora no se puede), nadar en el río (que no me gusta) o caminar sin rumbo (siempre por las mismas calles). Sin embargo, hay una energía tan linda que no quiero irme. Casi todos los turistas que llegan son jóvenes mochileros, y está repleto de viajeros que venden artesanías o hacen música a la gorra; en varios hostels dan clase de yoga y de meditación, y en uno de tai-chi-chuan, que no sé bien qué es pero suena cool, muy new age.

confluencia mar caribe y rio palomino

A la izquierda,el río Palomino; a la derecha, el mar Caribe.

rio Palomino

El río Palomino.

pescadores en Palomino

 

 

calles palomino

Las calles de Palomino…

Ahora son las once de la noche, estoy en la carpa muerta de sueño, pero intento no dormir porque este el momento del día que más me gusta: sólo se escucha el ruido de las olas, el de las palmeras que se mueven por el viento, y el de algún que otro mosquito que se metió en la carpa antes de que cerrara el mosquitero. Desde hace unos días me siento sola en Palomino, no sólo porque Guido se fue, sino porque no tengo ganas de socializar: supongo que estoy cansada de presentarme y contar mil veces mi historia, y de encariñarme con gente de la que tengo que despedirme a los pocos días. Pero estoy feliz, contenta con mi presente: tras más de un año de viaje y miles de kilómetros recorridos, llegué al Caribe. No fue fácil, pero acá estoy.
 

Información útil para viajar a Palomino:
* Trasporte: Desde Santa Marta salen buses hacia Palomino. Yo viajé desde la Terminal Terrestre por 10.000 COP, y desde el Mercado por 8.000 COP.
* Alojamiento: Dormir en un hostel bueno, bonito y barato cuesta entre 20.000 – 25.000 COP. Sin embargo, se consiguen alojamientos más económicos y hamacas por 8.000 COP en adelante.
* Comida: Al igual que en casi todo Colombia, al mediodía se consiguen menúes por 7.000 COP. Por la noche las opciones son un poco más limitadas y costosas, así que quizá conviene cocinar, como hice yo.

6 comentarios en “Sola en Palomino

  1. Cada lugar es único y siempre nos deja algo, esos días en soledad aprovechalos para vos, a veces son momentos necesarios y nos hacen bien…Mirá hasta dónde llegaste loquita! Al Caribe!! Woww que genia, me alegra saber que estás bien. Y seguí coleccionando anécdotas como la que contás, que somos muchos los que disfrutamos leerte. Abrazo y lo mejorrrr!!!

  2. Como todos tus relatos, asombrosos, Marina, deberías deleitarnos más con esas transcripciones literales de esos cuadernos que dentro de poco valdrán oro puro. Un abrazo desde Lima, la tierra del cebiche y el arroz con leche.

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