Demasiada chicha

“¿No entendés que no quiero nada, máster? Me estás colmando la paciencia”, quise gritarle al tipo que desde hacía más de una cuadra insistía con venderme un pullover. Le había dicho que soy argentina, que estoy de viaje, que no tengo plata, que vendo trufas, que soy alérgica a la alpaca. Que no me gustan sus pullovers, hasta eso le había dicho, pero él seguía detrás: “Cómpreme, señorita, cómpreme, artesanía del Cusco, cómpreme…”.

Caminar por el casco histórico de Cusco es agobiante: siete mujeres te dirán “masashh, leidy, masashh”; quince hombres querrán venderte tours, y una chola insistirá con que te saques una foto con ella y su llamita. Quizá alguien te ofrezca un “tour místico”: buscarte del hostel, llevarte a una montaña, participar de una ceremonia de ayahuasca – agudizar tus sentidos, despertar tu intuición, liberar tu inconsciente- , y después, libre de todo problema emocional, llevarte de regreso al hostel, todo por doscientos dólares, más bebidas y propinas.

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Quizá por eso, después de dos meses y medio en Cusco, casi no voy al centro. Prefiero las callecitas cercanas al Mercado de San Pedro y me cuido de no pisar frutas, verduras, hierbas, pollos, pedazos de carne, cabezas de cabra, todo lo que se vende y que está en el suelo. La otra vez le pregunté a una chola si no era peligroso tener la carne fuera de la heladera: “No, mami, en el Cusco la carne no se malogra porque hace frío”, me dijo mientras espantaba moscas con hojas de diario. Era un mediodía soleado y yo estaba en remerita, pero igual le compré medio kilo de carne.

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Los sábados voy al Baratillo, mi mercado de pulgas favorito después de la Feria del Alto en La Paz, Bolivia. No llevo más de diez soles: en un lugar donde todo vale nada soy incapaz de contener mis brotes compulsivos. Me pruebo camisas vintage, revuelvo pañuelos usados, pregunto precios de objetos insólitos: un cuaderno sin hojas cuesta veinte céntimos; la cabeza de una muñeca, un sol; y una dentadura postiza, tres soles. Camino al hostel miro a la gente, sus movimientos, sus risas. ¿Quién comprará una dentadura usada?

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Y recién hoy, a dos días de irme de Cusco, descubrí las chicherías: pequeños locales donde la gente se reúne a tomar chicha, una bebida alcohólica a base de maíz, y comer platos tradicionales preparados con ají. Mi novio (¿les dije que me puse de novia?) y tres amigos me pidieron que los filmara mientras hacían música para ganarse unos soles: después de varios litros de alcohol, ningún peruano escatima risas, aplausos y monedas.

En la primera chichería ya me convertí en una experimentada chichera (¿existirá la palabra?): bebí un litro de chicha de un solo trago. Intenté explicarle a la chola que agarraba con fuerza mi cara y me metía un vaso en la boca que no me gusta la chicha, pero mi voz no se escuchaba ante los gritos de “¡Seco, seco, seco!”, y los puños que golpeaban las mesas de madera. Antes de irme, pensé: “Tarantino debería filmar una película acá”.

Después fuimos a otras tres chicherías: tomé varios pequeños sorbos de chicha, bailé con un hombre que se tambaleaba para todos lados, y fotografíe a gente que no dejaba de sonreír. Ahora estoy en el hostel, llegué hace un rato. Hace dos meses y medio estoy en Cusco, pasado mañana me voy. Sin embargo, no quiero irme: fuera del circuito turístico Cusco es un lugar increíble, y yo esta tarde bebí demasiada chicha. 

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6 comentarios en “Demasiada chicha

  1. Me encanta como escribis, como describis paisajes, lugares y hasta los sentimientos.
    Me leí todo tu blog de un tirón!.
    Siento que viajo con tus relatos hasta que me decida por hacer el mío, mientras tanto meto pequeños viajes por la Argentina.

    Abrazo grande y buena ruta!

  2. jajaja con la descripción que diste fué como estar en esa chichería !
    que lindo volver a cusco a través de tus relatos! gracias loquita!!
    bien x lo del novio!! abrazooo y seguí coleccionando anécdotas, realmente disfruto leerte!

  3. ¡Qué buena experiencia, Mari! Viviste el auténtico Cuzco…Che! ¿y te pusiste de novia? jajaja ¡Qué loco! Y sí, son cosas que pasan…¡Les deseo buen viaje a ambos! Cuando lleguen a Madrid avisá por si sigo viviendo acá 😀 Besitos

  4. Una vez más por acá, disfrutando de tus aventuras, soñando con tener las mías algún día no muy lejano. Te esperamos por Lima para compartir un rato!
    Abrazos y buen viaje 🙂

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