Mazamorra

Lo único que escribí en mi vida fueron cartas a los Reyes Magos, declaraciones de amor en mi adolescencia y demandas judiciales en los últimos ocho años. Ahora quiero escribir un blog pero no tengo tiempo, alguien me interrumpe, el día está lindo, la lluvia me da nostalgia, afuera pasa de todo, no se me ocurre nada. O peor: se me ocurre, me enrosco con la redacción y la idea me tira un besito, me dice chau y se va.

Escribir es difícil, y si bien yo no nací para esto, hoy prometí no frustrarme, hacer de cuenta que es un juego. Entonces se me ocurrió que juguemos a que vos estás de viaje conmigo. Así que por un rato olvidá que estás en la oficina, en el bondi, en el subte, en tu casa o donde sea que estés: ahora estamos juntos en un banco de la Plaza de Armas de Cusco. Despreocupados, comemos galletitas de chocolate y bebemos té de coca que traje en un termo. 

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Estamos vos y yo solos en este banco.
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En la Plaza de Armas de Cusco…

No sé qué día es pero no me importa, y a vos tampoco. Son las cuatro de la tarde, hay algunas nubes, y no sabemos qué haremos después, pero seguro nos iremos pronto porque hace frío. Aquellos gringos en remerita, ¿serán noruegos, islandeses, suecos? Franceses, porque uno tiene una Lonely Planet que dice Amérique du Sud. No sé qué dirá de Perú la Lonely Planet.

Mejor mirar a esos niños que ensayan en la calle para el Inti Raymi, la fiesta en honor al dios Sol que se hace el veinticuatro de Junio con el solsticio de invierno. Los varones sacan a bailar a las niñas pero entre ellos no hay más contacto físico que un sutil roce de hombros. Se miran, sonríen, hacen gestos. Parecen divertirse, y también sus padres, que miran desde la vereda.

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Yo no puedo dejar de mirar a esta niña. Contagia felicidad.
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Pero hay personas que están en la suya.

A lo lejos, el tipo de remera negra, pantalones negros, zapatos negros, alma negra. Cuando se acerque me dirá “weed?”, y yo le diré que soy argentina y que no quiero “marihuana”; después me ofrecerá huachuma, y cuando diga que no intentará venderme cocaína. Si yo ahora vendiera trufas tomaría una, le sacaría un poco de coco, se lo metería en la nariz, simularía una risa y se iría sin decir nada. Ya lo hizo una vez, ¿por qué no hacerlo dos? Pero esta vez le diría algo, por lo menos que se lleve la trufa. 

Y al final no me ofrece nada porque está lleno de policías. La Plaza de Armas no parece Cusco: no hay vendedores ambulantes, ni papeles en el suelo ni un ensordecedor ruido, tan solo algunas voces en otros idiomas, bocinas de autos y un silbato de policía, pero no más. El césped impoluto, los árboles podados y los canteros con flores. El setenta por ciento de la gente es rubia: me encanta inventar datos estadísticos.

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A mí me gusta más la parte no turística de Cusco.
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Los mercados callejeros.
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Las patitas de los pollos.
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Los curanderos…

Y si vos y yo no nos moviéramos de esta plaza, juraríamos que Cusco no fue la capital del Imperio Inca: alrededor, tres iglesias que parecen europeas, y construcciones coloniales de dos pisos, con balcones de madera y techos de teja. Resulta que cuando Pizarro fundó Cusco lo hizo a la usanza española: labró un acta, despojó tierras, eligió la Plaza de Armas y el lugar para levantar la Iglesia. Después se instalaron los vecinos españoles, y sobre las construcciones incas armaron una ciudad a su medida. Dejaron cimientos y muros, porque de seguro eran más resistentes. Donde está la Catedral, por ejemplo, estaba el Palacio del Inca Wiracocha, el más importante de los dioses andinos. La tolerancia católica de siempre.

Pero mejor ser diplomática, cuando no lo soy suelo meterme en problemas. Así  que hablemos de la chiquita que está en el banco de enfrente con dos largas trenzas, vestido de volados blancos, medias caladas rosadas y unos zapatitos de charol que parecen de juguete. Mete la cuchara en un vaso de mazamorra, la carga al máximo y se la lleva a la boca. Se le cae, era obvio que se le iba a caer… Se mancha el vestido blanco y la mamá la reta, pero la chica no tiene la culpa de que la mazamorra sea tan rica.

La mamá toma de su cartera un rollo de papel higiénico, y refriega y refriega y refriega el vestido de la chiquita, que sigue aferrada al vaso. Las manchas no salen, la mamá le da un tirón de orejas y entonces ella suelta el vaso que se cae al suelo, casi lleno, porque le faltaba sólo una cuchara. No llores, chiquita, puedo acompañarte a comprar mazamorra. No te hagas problema: siempre que trato de escribir algo me interrumpe, ya estoy acostumbrada. Y a vos, lector, gracias por viajar conmigo. 

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Camino al hostel me compré una mazamorra y me encontré con una procesión a la Virgen.
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Caminé un rato con ellos, estuvo divertido.

 

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22 comentarios en “Mazamorra

  1. Tuve la suerte de estar en Perú en Abril, Cusco es tan hermosa y la plaza tal cual la describís vos! Que lindo poder revivir un poquito del viaje que hice yo con lo que vas publicando! Te mando un beso!

  2. Cusco es hermosa! Yo también pasé por ese puestito donde venden los pollos, me pareció tan divertido, tan diferente todo, muy pintoresco. Y es tal cual, la plaza de Armas es un lugar bellísimo, pero lo mejor es perderse por las calles cuesta arriba, donde los turistas no entran. Un beso!

  3. Cada vez dá más gusto leerte. Este viaje ha sido un MBA en contagio de emociones y has egresado con excelentes notas.
    Cada párrafo nos transporta, nos emociona, nos hace estar ahí… que al fin y al cabo, es el objetivo de los que bloggeamos.
    Muchísimas gracias por SER… que es más importante que estar.
    Bss.

  4. Me encanta y escribís hermosor
    Unas preguntas: con que camara o cel sacas las fotos? y para sacarlas les pedís permiso siempre ? por ejemplo a la de los puestos callejeros como a las 3 señoras que venden fruta

  5. Estuve en esa plaza hace ya unos 2 meses atrás! Es hermosa, como toda la ciudad de Cusco y sus alrededores.
    Todo lo que contas se hace realidad al vivirlo. Que bueno poder leerte y ver esas fotos y recordar un poquito de eso vivido!
    Es el primer post que leo y me pareció muy interesante, ahora voy a chusmear los otros y seguro a dejar algún comentario más..
    Felicitaciones y que sigan esas buenas rutas!
    Te dejo un saludo

  6. de seguro que los reyes magos deben de extrañar tus cartas flaca jajjaa nadie le debe escribir con tanta frescura, muy bonito el paisaje ,la plaza, nos trasladas a ese lugar,nos haces llorar como la niña hasta senti el dolor de las orejas y el gustito a masamorra rica, (que rica con leche). gracias amiga una vez mas…
    PD: que paso con la masamorra??? con la niña? , se quedo sin comer? o de verdad le compraron otra?,pobre ,…no podre dormir con esa incertidumbre.

  7. Ame el relato. Sentí por unos minutos que estaba sentada al lado tuyo teniendo una de esas charlas existenciales que te hacen estar atentoatento al 100% de lo que pasa al rededor. Te extraño de a montones amiga, amo como escribis!

  8. Que lindo leerte, como siempre, gracias !!!
    Senti que estaba en la plaza.. mirando, observando, disfrutando. Tengo muchas ganas de conocer Cusco. Besos y abrazos desde Uruguay.

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