Inesperado Carnaval

Jueves 4 de Febrero. Confiar en la intuición

En el vagón mil cuatrocientos setenta y siete del tren que me llevaría de Villazón a Uyuni ocupé la butaca cincuenta y siete frente a una mujer con el rostro arrugado, la mirada cansada y una gran sonrisa. Pronto empezamos a conversar: Emilia vive sola porque su marido murió y sus hijos emigraron a otras ciudades, prefiere viajar en tren con la ventanilla cerrada porque es friolenta y desearía conocer Argentina antes de morir. Cuando conté que mi siguiente destino era Uyuni y que pretendo llegar hasta Colombia, ella tomó mi mano y me dijo “No hijita, primero tienes que ir a Oruro a festejar el Carnaval y pedir ayuda y protección para tu viaje, luego puedes ir a Uyuni o a donde quieras”.

Diez horas después el tren se detuvo en Uyuni. Era medianoche y Emilia ya no estaba frente a mí, de seguro había bajado en sus pagos mientras yo dormía. Me incorporé de la butaca, me calcé la mochila y me dirigí hacia la puerta; cuando puse un pie en las escalinatas del tren, sentí el viento frío que me pegaba en el rostro y vi la fila de mochileros que esperaba bajar detrás de mí. Recordé a Emilia, sentí su mano, escuché su voz: debía ir a Oruro. Habrá pasado un segundo, dos, tres, quince o veinte hasta que grité a la gente que aguardaba a mis espaldas: “Permiso, no bajo, me equivoqué de estación”.

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Emilia
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Emilia

 

Viernes 5 de Febrero. Maldecir a la intuición.

El viernes cinco de febrero a las once de la mañana el tren que pasa por Uyuni me dejó en Oruro. En las angostas calles de la ciudad el Carnaval ya se sentía: puestos que venden pelucas, serpentinas, máscaras, vinchas luminosas y artículos de cotillón; personas que duermen en las calles después de haber bebido litros de alcohol, y chiquitos que se esconden bajo pilotos, gorros y antiparras para jugar con aerosoles de espuma y grandes pistolas de agua.

En medio del caos, busqué un alojamiento que estuviera al alcance de mi presupuesto mochilero. Caminé varias cuadras y golpeé varias puertas para recibir siempre las mismas respuestas: “Ahorita no tenemos lugar, señora, estamos en pleno Carnaval; podemos ofrecerle un colchón en el piso por trescientos bolivianos la noche”. Mientras tanto, decenas de niños me tiraban espuma aunque hiciera frío, y algunos hombres se me interponían empecinados en que bebiera de sus latas de cerveza caliente.

Agitada por caminar en la altura con la mochila a cuestas y con los ojos ardientes de tanto lanzanieves, me senté a descansar en el cordón de una vereda. Mientras una chola con su bebé a la espalda revolvía sopa de quínoa en una gran olla, mientras un anciano ofrecía cerveza Paceña por diez bolivianos y una joven le reprochaba a los gritos a un hombre que la hubiera engañado, yo maldecía mi intuición, a Oruro y a todos los Carnavales del mundo. A lo lejos, escuché una voz con acento argentino: “Nos deja a sesenta bolivianos la noche si traemos a diez personas más. La habitación es para doce. Buscá gente, amigo…”.

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Las calles y las plazas de Oruro, un hormiguero de gente
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Una niña y su lanzanieves
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Un niño que se divertía en un tobogán de cemento

 

Sábado 6 de Febrero. La intuición nunca falla.

A las siete y media de la mañana me levanté en una habitación que costaba sólo sesenta bolivianos rodeada por once desconocidos. Por la destartalada ventana sin cortina que estaba sobre mi cama se filtraban los primeros rayos del sol, y con sonido de tambores, redoblantes y trompetas, las voces cantaban algo que todavía no puedo dejar de tararear: los bailarines y músicos bolivianos comenzaban la tradicional peregrinación de más de cuarenta cuadras hacia el Santuario de la Virgen del Socavón.

Salté de la cama, y junto a cuatro de mis once compañeros de cuarto, salí a la calle. Oruro ya no era sólo cervezas y lanzanieves como el día anterior: había danza, música, lentejuelas, plumas y colores. Nos dirigimos hacia donde los conjuntos folklóricos iniciaban su recorrido y los acompañamos durante todo el día, mientras multitudes agrupadas en palcos festejaban el espectáculo con una pasión que me recordó a las hinchadas de fútbol en los minutos finales de un superclásico. Saqué fotos, probé tragos típicos y bailé danzas como la diablada, la morenada y los caporales.

Por fin, ya entrada la noche, me dirigí a la Iglesia de la Virgen del Socavón: las mismas personas que habían cantado, tocado instrumentos y bailado a lo largo de cuarenta cuadras bajo el peso de sus grandes trajes, ahora ingresaban a la Iglesia de rodillas con los ojos llenos de lágrimas para llegar a los pies de la imagen de la Virgen en señal de agradecimiento y devoción. Sentada en un banco de la Iglesia, mientras un sacerdote rezaba con dulzura el Padre Nuestro, rompí en llanto, abracé a un desconocido y agradecí a Emilia, a mi intuición y a Bolivia por permitirme ser testigo de semejante manifestación de fe popular.  

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Vista cenital del Carnaval
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El carnavalerito
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La más carismática
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Un traje único
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Los Osos, uno de los mayores atractivos
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La Diablada, el favorito de la gente

 


Acerca del Carnaval de Oruro

El Carnaval de Oruro, una de las celebraciones más importantes del mundo, es una manifestación cultural cuya esencia es la devoción a la Virgen del Socavón o “Mamita Candelaria”: decenas de agrupaciones formadas por bailarines, músicos y artistas desfilan durante cuarenta cuadras al compás de danzas típicas como la diablada, la morenada, los caporales, los suri sicuris, los waka waka, entre otros.

La celebración fue declarada Obra Maestra del Patrimonio Oral e Intangible de la Humanidad por la UNESCO, atrayendo a miles de turistas de todo el mundo. Por ello, la ocupación hotelera en la ciudad en época de Carnaval llega al cien por ciento y los precios son más elevados que durante el resto del año. No obstante, es posible dormir en cuartos que ofrecen en casas de familia por 40/50 Bs. en adelante.

Varias empresas de buses y un tren que sale de Villazón comunican a Oruro con las principales ciudades de Bolivia.

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17 comentarios en “Inesperado Carnaval

  1. Que inspirante son tus palabras compañera, ganas de seguir conociendo inmensas me dan!
    Arranqué el viaje nomás yo también! Ando por Cafayate con ganas de seguir subiendo. Así como escribias algunos posts anteriores, la cantidad de sensaciones tenidas en un mismo momento es algo dificil de comprender por mí y mucho más de explicar.
    Espero que sigas bien en tu viaje, hacés algo hermoso de esta página.
    Ojala quien te dice nos crucemos por ahí! Si sabes de algun laburo por salta capital te agradecería que me comentes! Suerte!

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