Volver

Señores pasajeros, hemos arribado al aeropuerto de Posadas. La temperatura actual es de treinta cinco grados centígrados. En nombre de la aerolínea, el Comandante y toda la tripulación esperamos que el vuelo haya sido de su agrado y tenerlos nuevamente a bordo. Muchas gracias.

Apenas el avión se detuvo, me levanté de la ansiosa butaca para ganar la puerta de salida, y al poner un pie en las escalinatas sufrí el pleno impacto de los treinta y cinco grados: tras una década en Buenos Aires, terminé por desacostumbrarme al húmedo calor misionero. Sin embargo, el aroma de la tierra colorada, las manos de mis padres que se alzaban en señal de saludo y una decena de rostros familiares, me hicieron sentir que yo no llegaba a Posadas sino que más bien volvía a casa. 

DSCF1141
La tierra colorada
IMG_0696
La costanera de Posadas

En el auto de mis padres, llegamos a la que era mi casa y fui a dejar mis cosas en el que fue mi cuarto: sobre mi cama una manta oscura, y en las paredes cuadros desconocidos; ningún rastro de mi cubrecama de color pastel ni de mi pizarra de corcho llena de fotos, mis osos de peluche no estaban en la repisa, y mis calcomanías habían abandonado el vidrio de la ventana. Extrañeza, silencio, quietud. Para preguntar qué había pasado con mis cosas fui a la cocina, donde mi papá comía quesos, salame y pan, y mi mamá preparaba arroz con leche. No importaba mi habitación: al menos, en la cocina, todo seguía igual que siempre. 

DSC_0090_535
La vista desde el balcón de mi casa
_DSC0475_4011bis
Una abeja que se posó en la flor de mi mamá

Esa tarde, en el balcón de la casa de mis abuelos, la silla se mecía sola, y en el living encontré los floreros vacíos. No se escuchaba a los locutores del programa de radio de las seis, ni las voces de los ancianos que compartían en alemán historias de inmigrantes escapados de la guerra. Hablé sola, lloré. Mis abuelos no estaban, y yo ya no era nieta de nadie. Pero lo demás estaba intacto: el olor a naftalina en las sábanas, la bolsa de agua caliente al pie de la cama, la cajita musical en la mesa de luz, las fotos colgadas en las paredes; los tuppers de colores, el sillón de cuero y el tocadiscos, la antigua mesa de coser, la lata llena de agujas y botones… 

IMG_0765
La silla mecedora donde solía sentarse mi abuelo, vacía…
IMG_0900
Una foto de mi infancia que encontré en la casa de mis abuelos

Al día siguiente se me dio por agarrar el auto, poner música y conducir sin rumbo: di vueltas por la costanera, después por el Centro y por último avancé hacia las afueras de la ciudad. Posadas había crecido tanto que, para volver a casa, debí usar el GPS. “Localizando satélites, señal de GPS insuficiente”. Detenida al costado del camino, esperé que enganchara la señal. A lo lejos, un grupo de niños bajaba mangos de un árbol, dos vecinas en la vereda compartían un tereré y un hombre con el torso desnudo quemaba pastizales en plena calle. En fin, Posadas todavía conserva su alma de pueblo.

_DSC0010
Una tarde de sol en la costanera
_DSC0345_3890bis
Unos tréboles con los que me topé en mi paseo

Visité La Placita, un mercado cubierto creado en la década del sesenta para albergar a quienes vendían en la calle productos traídos del Paraguay. Pero ahora los juguetes y la electrónica importados de China, la indumentaria y los accesorios de marcas falsificadas desplazaron a los yuyos, plantas medicinales, tejidos y productos típicos.  Sin embargo, por los pasillos, tuve un déjà vu: voces con acento guaraní repetían Señorita, ¿qué anda buscando?, ¿qué puede ser?, tenemos zapatillas Nike, chombas Lacoste, cargador de Iphone y yerba canchada, pregunte, señorita, pregunte…

_DSC0141
Unos niños guaraníes fotografiados por mi papá

Una tarde, mientras iba a unos saltos que solía visitar de chica, me entristecí al ver el amenazante desmonte de la selva misionera y el avance del asfaltado en varias rutas provinciales. De pronto, el viento norte sacudió los árboles, el cielo se cubrió de nubarrones y un fuerte ruido de gotas retumbaba en el suelo. Se me nubló la vista, se me escapó una lágrima: la lluvia misionera jamás dejará de ser intensa, violenta, salvaje. 

DSC_0002
Una parada de ómnibus en la Ruta Provincial 103
_DSC0530_4063bis
La Cruz de Santa Ana
0010
El Salto Alegre, lugar al que solía ir de chica

Ahora está por caer la noche y me molestan los mosquitos. De chica, cuando iba de campamento con mi familia al interior de la provincia, no me picaban, pero ahora, sentada en el balcón de un edificio en pleno centro de Posadas, estoy llena de ronchas. Me pican brazos, espalda, panza, piernas y tobillos. Y sin embargo no puedo rascarme, maravillada porque el sol cae a mis espaldas y sus rayos se reflejan en el río Paraná mientras cantan las chicharras para confirmar que yo no llegué a la ciudad de Posadas, sino que más bien volví. 

DSC_0613_1556
La puesta del sol

¿Te gustó este post? Suscribite al blog para recibir los próximos posts en tu e-mail, seguime en Facebook y en Instagram para viajar conmigo en tiempo real y no dejes de compartir mi contenido en las redes.

26 comentarios en “Volver

  1. Cuando escribís de los lugares que conocés en tus viajes es un placer leerte.
    Pero cuando escribís de lugares tan propios, partes indispensables de tu historia de vida, brota la emoción y se agrega un plus muy valioso.
    Muchas gracias por compartir.
    Ch.

    • No nos conocemos pero fuiste una de las primeras personas que empezó a leerme y una de las que siempre me motiva a seguir escribiendo, así que gracias a vos.
      Un fuerte abrazo Christian y lo mejor para este año.

  2. Qué lindo leerte, qué linda nuestra tierra colorada! Mi mamá siempre me dice “nunca pierdas la capacidad de asombro”. Y es necesario, porque son las cosas simples las que llenan el alma. Te deseo mucha suerte en este camino que emprendes y te felicito, porque tuviste el coraje de ser feliz! No dejes de escribir! 🙂

  3. Me encanta leerte, tus descripciones me hacen viajar…
    Hermosas tus fotos!
    Va a ser un placer viajar a través de tus ojos y palabras.
    Suerte!

  4. Que genia!!! Seguido vemos personas que van a vivir a buenos aires, Córdoba, el exterior y se olvidan de sus raíces, de la hermosisima tierra colorada que tenemos! Una provincia que cuenta con todo! Natural, cultural, tanta belleza y grandeza juntas en una provincia tan pequeña y enorme a la vez. Gracias por compartir esta hermosa experiencia!! Te felicito y ojalá nunca olvides de donde venís!

  5. Hola Mariana, en un viaje que me llevó desde las Cataratas hasta Ushuaia, conocí esa hermosa tierra de Misiones, no tanto como quisiera pero sí recuerdo su tierra roja, su humedad y si color y olor a selva. Seguí narrando tu travesía por Sur América que desde mi pantalla te seguiré.

    Un abrazo.

  6. Hola, descubrí tu blog gracias a un diario. Me parece q estás construyendo una historia d vida riquisima e inspiradora para otros que tienen tus mismas inquietudes y ganas, pero todavìa no se deciden. Hermosos tus relatos y, a los que te leemos nos permitís viajar con vos,gracias totales. Un abrazo y t seguirè acompañando y disfrutando del mundo c vos. Un abrazo desde la tierra Colorada.

  7. Hoy tu historia está en el periódico El Espectador de Colombia. Vine corriendo a leer un poco más, y ¡Dios!, que admiración 🙂 Uno de mis grandes sueños es vivir en tu país, y tu historia apareció justo cuando más necesitaba retomar mi motivación. Gracias, mil gracias! Y muchos éxitos en todo lo que venga, de lo cual espero podamos seguir leyendo 🙂

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: