No tomé la decisión de viajar

Cómo decidí viajar es una pregunta difícil, porque de algún modo siento que no tomé la decisión.

Desde chica supe que quería ser abogada, y no puedo culpar a nadie por ello: mi mamá es maestra jardinera, mi papá estudió Bellas Artes, y no conocí abogados hasta entrar en la facultad. Pero sucede  que la injusticia tocó desde siempre mi fibra más sensible, me conmovió, así que al terminar el colegio y sin ninguna clase de duda ni cuestionamiento, con la convicción propia de una joven que se cree capaz de cambiar el mundo, comencé a estudiar Derecho.

Al tercer año de la carrera tuve mi primera crisis vocacional: la abogacía me resultaba aburrida, poco desafiante; al fin de cuentas las leyes eran un reflejo de la sociedad y no había mucho que debatir: todo era como debía ser. Este primer descubrimiento fue para mí, como se dice, un baldazo de agua fría. Mi papá, como si intuyera la crisis en la que yo caería después, me dijo que todavía era muy joven y que si no me gustaba el derecho cambiara de carrera.

Pero en la facultad me iba bien y además no sabía qué otra cosa estudiar, así que decidí continuar mis estudios mientras en paralelo buscaba mi pasión. Entonces estudié idiomas, hice ropa y accesorios, tomé clases de actuación, y me compré una armónica que nunca aprendí a tocar. También viajé mucho, acrecenté mi vida social y hasta milité un tiempo en un pequeño partido de izquierda. Cuando me di cuenta ya había terminado la facultad y descubierto que lo que más me interesaba de todo aquello era viajar. Ping-pong mental:

_ Quiero dedicarme a viajar por el mundo.

_ No seas delirante flaca, es imposible.

Mientras me empleaba en algo que me aburría para costear unas vacaciones descubrí que el trabajo de un abogado no siempre es como debe ser, y que a veces está alejado de la justicia, paradoja que tardé en comprender porque las pequeñas injusticias, causa de las grandes atrocidades que a todos nos indignan,  no son tan palpables, tan evidentes.

Tras este descubrimiento mi crisis llegó a su clímax, y mi psicólogo decidió hacerme un test vocacional que, con algunas salvedades, confirmó que lo mío era el Derecho. Al creer que no estaba en el lugar adecuado, cambié de trabajo varias veces, sin encontrar un espacio donde hacer realidad aquella utopía por la que me había inscripto en la facultad.

Al mismo tiempo comencé a cuestionarme si es humano trabajar en una oficina, elegir no ver la luz del sol; si está bien acatar órdenes que no comparto, y actuar de la misma manera con quienes dependen de mí; si vale la pena cambiar mi tiempo por dinero y por seguridad, si ésta es la vida que quiero tener; hasta me pregunté por qué debía vestir de una forma que jamás elegiría.

Aún así intentaba creer que no todo era tan malo: sólo ocho horas de trabajo de lunes a viernes con compañeros a quienes hasta consideraba amigos, y a cambio un departamento acogedor, las cervezas que quisiera en un bar, la cartera que me gustaba y, desde luego, mis ansiadas vacaciones… No podía ser tan inconformista: todo tiene un precio y a mí me salía bastante barata la vida que llevaba, alcanzaba con mirar a mi alrededor.

Además los psicólogos no podían equivocarse: fuera a donde fuese la insatisfacción iría conmigo, y con suerte me daría un descanso, porque el sistema es como es y hay que aprender a vivir en él. Para qué darle tantas vueltas si cuatro de cinco me habían dicho que lo mío no era una búsqueda sino un escape, y si las personas más sensatas que conocía opinaban así. Seguro los que coincidían conmigo estaban más locos que yo, y el psicólogo que al fin me había dado la razón no era profesional. 

De todos modos no podía dejar de pensar que las personas somos, en esencia, libres, y que la libertad no debería permitirse el encierro. Sin embargo, me sentía encerrada. La prueba es que hago terapia desde hace varios años, que fumo aunque no quiero fumar, que detesto los lunes con todo mi ser, y que la oscuridad me da pánico… Al comprender esto la decisión de viajar, de lanzarme a hacer a aquello que me apasiona, se volvió inevitable, decantó: puede que me equivoque, pero ya que no voy a cambiar el mundo, al menos intentaré conocerlo mejor.

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20 comentarios en “No tomé la decisión de viajar

  1. Me sonrío mientras leo esto, porque me pasa lo mismo, pero todavía no llegué al “clímax”, y me cuestiono el tema del inconformismo a diario. Muy bueno el blog, estoy en el proceso de crear uno, pero no esta en condiciones de publicarse todavía, y me identifiqué mucho con tu historia. Felicitaciones por la decisión!

    • Hola Manu, JAJAJAJA. Bueno, cada uno tiene sus momentos. A mí no me cuesta mucho llegar a mis picos porque soy muy emocional. Yo lo publiqué el mismo día que lo hice y lo voy mejorando de a poquito. Anímate y avísame así soy tu primer seguidora 🙂 un abrazo

  2. Me encantó ! tu relato es genial.. y eso ultimo el broche de oro!… “pero ya que no voy a cambiar el mundo, al menos intentaré conocerlo mejor”..
    No hay nada q nos haga mas feliz en el mundo q disfrutar lo q hacemos! donde sea, con quien sea y como sea! al fin de cuentas es lo unico q nos llevamos con nosotros en nuestra vida! ♥

  3. Na na naaaaaa!!! No me puedo sentir tan pero tan identificada con vos, con tus palabras, con tus sentimientos….. GRACIAS GRACIAS, por escribir y compartirlo… Toda mi admiración!!! 🙂
    …..De todos modos no podía dejar de pensar que las personas somos, en esencia, libres, y que la libertad no debería permitirse el encierro. Sin embargo, me sentía encerrada. La prueba es que hago terapia desde hace varios años, que fumo aunque no quiero fumar, que detesto los lunes con todo mi ser, y que la oscuridad me da pánico… Al comprender esto la decisión de viajar, de lanzarme a hacer a aquello que me apasiona, se volvió inevitable, decantó: puede que me equivoque, pero ya que no voy a cambiar el mundo, al menos intentaré conocerlo mejor…………M E E N C A N T O !

  4. Wow! Me inspirás mucho y me hacés sentir un poco más acompañada… No veo la hora de recibirme y dejar todo por viajar! Al igual que a vos las oficinas entran en choque con la idea de libertad que yo puedo interpretar y el sistema al que “debemos” moldearnos me da náuseas. Ojalá estés disfrutando de estos primeros pasos siguiendo tus sueños!! Muchas buenas vibras!

  5. No hay mejor forma de expresarse que escribiendo…muy bueno!!! Me siento muy identificada… mucha suerte, lo mejor, buenas rutas…y quien sabe quizas los caminos nos crucen!!! 😉 saludos!!!

  6. Acabo de encontrar tu blog y me encanta. Me pasaba todo lo mismo que contás en este relato y hace ya casi cuatro meses que estoy viviendo de viaje. Dejé de sentirme encerrada, ya no fumo ni odio los lunes. Estoy segura te va a pasar lo mismo =)
    Te dejo mi blog: cualquierotraparte.com
    Un abrazo grande y buen viaje!

  7. Marina!!!! me enamore de vos!!! me quiero ir con vos!!! me hiciste llorar!!
    ojalá tengas mucha suerte!! te descubri hoy a las 6:30 cuando abri los ojos.. en realidad me descubriste vos dandole me gusta a una foto mia horrible que puse Instagram!!! te voy a seguir!!! voy a viajar con vos… me encantaria dejar todo como vos!! pero reconozco que soy un cagón!!!
    Me encantaria CONTACTARTE!! te espero…

  8. Tengo 20 años y mi mas grande deseo es viajar por el mundo SOLA, voy comenzando, necesito ahorrar para mis viajes, a veces renuncio a mi sueño por el miedo a viajar sola, porque la sociedad desde pequeña me hizo sentir y creer que una mujer no puede defenderse sola, no puede estar sola. Leerte me inspira y me hace creer y sentir que si puedo, gracias!

  9. Leo tu post, pienso en mis dudas sobre mi carrera y al mismo tiempo me motiva a que en algún momento pueda tomar la decisión de viajar. Un abrazo desde Perú hasta Ecuador, muy lindo tu blog! :))

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